
Por: Rodrigo Rodríguez
Es el año 2021, explícitamente el cuarto mes del calendario gregoriano; hace ya más de un año, la humanidad comenzó a enfrentar una situación difícil que, irremediablemente, dejó, deja y dejará heridas muy profundas en cada una de las personas. Han sido pocas veces en las que todo el mundo se ha enfrentado ante una crisis sanitaria de tal magnitud, es sin duda, una etapa cruda para la historia de la humanidad.
Indudablemente la pandemia ha traído cambios radicales en la dinámica social que se había construido desde tiempo atrás en cada sociedad: economía, educación, salud, trabajo. Éstas son algunas de las áreas más golpeadas en tiempos de pandemia. Pero uno de los elementos sustanciales de nuestra condición humana que hemos olvidado es el amor, el cual ha sido el protagonista de muchas historias a lo largo de nuestra existencia.
Sin duda alguna el amor tiene múltiples formas de expresión, pero ¿Qué es realmente el amor? ¿Es una emoción, un sentimiento, un proceso que debemos seguir, según las diferentes concepciones que se tienen de él y en las cuales nosotros creemos? Podemos decir que el amor es concebido de diferentes maneras, dependiendo cómo es que se le ve. Sin embargo, ¿Qué es para cada uno y una de nosotros el amor? Les invito a que se respondan antes de acompañarme a desmenuzar el Vivir el amor más allá de la pandemia.
Todas y todos hemos escuchado en su momento lo que es el amor, pero nos han enseñado a que el amor se asocia únicamente a tener pareja, a amar a la familia e incluso a darle amor a nuestras mascotas, sin embargo, el propio concepto de amor va más allá de lo que nos han mostrado o incluso de lo que hemos imaginado, porque es desde la época griega que se ha venido planteando el tema del amor causando que existan tantas concepciones como filósofos en toda la historia humana.
Un ejemplo de esta situación, sería la concepción de Aristóteles sobre el amor dirigido hacia la amistad, refiriéndose a que, para amar aún amigo, es necesario tener la voluntad de querer para él o ella lo que creemos que es bueno. Otro ejemplo sería la definición que se aporta del amor desde las nociones del filósofo alemán Friedrich Nietzsche, la cual dicta que el amor es fundamentalmente importante para la vida, como si fuera una salvación que lleva a mujeres y hombres a encontrarse consigo mismas/mismos y con los otros.
Estos filósofos concibieron el amor en distintos tiempos y tienen una similitud (así como todas las concepciones que se han hecho sobre el amor a lo largo de la historia humana), la cual nos permite entender que el amor es algo trascendental, una actividad que se realiza en momentos conscientes e inconscientes, pero antes de que siquiera puedan imaginar que hemos llegado a la respuesta a una de las preguntas que he planteado para ustedes, quiero comentarles que lo que llevamos hasta el momento es solo “la punta del iceberg” de la reflexión sobre el amor.
Primera parte
En la actualidad, nos han mostrado que el amor es una simple expresión de nuestro lenguaje diario, un ejemplo de esto sería que en una sociedad capitalista existe el café sin cafeína, el refresco sin azúcar, la cerveza sin alcohol e incluso las relaciones coitales sin coito, ¿Por qué pongo estos ejemplos? Sencillo, el capitalismo nos ha enseñado a que debemos amar sin realmente conocer lo que es el amor, esto por miedo a la trascendencia que se suscita de amar genuinamente, reduciéndolo a un producto que adquirir por miedo a la soledad.
Desde mucho antes de que apareciera una crisis sanitaria en la humanidad, esta situación ya estaba presente en la cotidianidad de las personas a nivel mundial, causando que seamos una sociedad “desechable”, reemplazable e, incluso, personas simplemente hechas para funcionar, tal como el capitalismo nos ha hecho creer. Se ha relativizado el concepto de “amar” a tal grado de considerar diferentes acciones como “un acto de amabilidad”.
En esta pandemia se siguen ignorando actos de amor genuino, no el amor que nos han vendido en televisión, radio, periódicos o cualquier entidad relacionada con el capitalismo. No, el amor genuino es trascendental, es desear sobre nuestro egoísmo que las personas (y los animales) obtengan lo que es realmente bueno. Entendamos que lo “realmente bueno” es algo subjetivo, pues depende de cada persona, “la propia voluntad de desear para los demás lo que anhelamos para nosotros”, es decir, la trascendencia del alma como fin último del ser humano mediante la confirmación de si hemos amado lo suficiente o no al final de nuestra vida.
El contexto donde podamos desarrollarnos nos marcará las pautas para entender lo antes descrito, por ello, la necesidad de no relativizar el amor, es decir, a pesar de ser un concepto muy subjetivo para todas y todos, sea posible comprenderlo en toda la extensión de la palabra. Nos hemos ido construyendo por la sociedad que nos rodea a partir de las experiencias que hemos vivido en nuestro desarrollo, por lo tanto, reconocemos que somos entes con particularidades que basan sus ideales en las experiencias de vida que han recibido, como en todo nuestro contexto, cada una de las personas podrá comprender una parte de lo trata el amor desde su sentir, impactando en la forma de amar lo que está a nuestro alrededor.
Segunda parte
¿Y qué tiene que ver todo esto con amar en estos tiempos pandémicos? La respuesta radica en que, cada situación que, en algún momento, hemos escuchado ya sea por la televisión o por la radio, incluso en redes sociales, presentan diversos tipos de amor diferentes.

En un primer momento, el esfuerzo de los profesionales de las ciencias de salud al enfrentarse ante la enfermedad causante de la pandemia. Aquí encontramos un ejemplo de “amor por el prójimo”, estos profesionales, mujeres y hombres, están poniendo sus vidas en riesgo tan solo por darle lo mejor a sus pacientes, entonces, observamos que el amor que ellos y ellas tienen por quienes están enfermos, va más allá del razonamiento de las personas puesto que “entregan su vida a cambio de nada”, una forma aristotélica de amar.
En un segundo momento, encontramos otro tipo de amor que conocemos como “amor por la familia”. En la actualidad lo observamos en el interés de que se encuentren bien de salud, se resguarden y procuren mantenerse saludable en la medida de lo posible, pero también está presente en entender lo que pasa en nosotros en estos tiempos difíciles de pandemia. No digo que lograrán comprendernos en su totalidad, pero sí intentarán entender nuestros sentimientos, siempre y cuando los exterioricemos.

El amor de pareja en los tiempos de la pandemia, es algo que ha pasado por múltiples pruebas y etapas por sobrevivir ante la adversidad que estos tiempos traen. Nos encontramos ante la incertidumbre de saber cómo mantener la dinámica de pareja a pesar del distanciamiento social, la ansiedad que produce el hecho de querer verse e intimar como antes lo hacían, no solamente como “tener relaciones sexuales”, sino como algo más allá. El salir a pasear, el charlar frente a frente, el poder siquiera besar a la pareja (entre otras más. Esto ha hecho que muchas parejas adapten su dinámica amorosa para el tiempo de la pandemia, pero incluso haciéndolo, la gran mayoría ha encontrado la manera de retrasar la decadencia de su relación, mientras que las demás personas encontraron una manera de mantener a flote la relación.
Pues bien, la irremediable verdad en cuanto a las relaciones que, antes de la pandemia se encontraban esperando “la gota que derramara el vaso”, radica en la triste excusa de “fortalecer” la dinámica para “superar” la crudeza de la pandemia, esperando que todo mejore. La realidad del amor de pareja en los tiempos de pandemia se explica con el hecho de que, indudablemente, es necesario aprender a convivir con las verdades que aparezcan, no quedarnos con el “si nos esforzamos, lo superaremos”, la situación sanitaria por la cual atraviesa el mundo es bastante difícil como para dejar que las construcciones capitalistas del amor nos dominen.

Tercera parte
Y así podemos enumerar muchos tipos de amor y tratar de explicarlos en los tiempos de pandemia, llegando hasta el punto de escribir durante las madrugadas, amando la soledad o la compañía, sin embargo, sería demasiado tiempo el que necesitaríamos para comprender cómo se han adaptado todos y cada uno de los tipos de amor que, subjetivamente, se han establecido.¿Cómo concebimos el amor? Y ¿Cómo entendemos el amor en los tiempos de pandemia?.
No vislumbro una única interpretación del amor, sino cientos, miles o incluso miles de millones, cada una diferente y similar a la vez, cuestionables en todos los sentidos, así como mis propias palabras, ideas y pensamientos, pero necesarias para llevarlos hasta este punto: el amor es un proceso y actividad constante que puede ser percibido desde todas las concepciones filosóficas, religiosas, sociológicas, psicológicas, entre otras más.
Empero, no será suficiente con entender la perspectiva que cada una de estas corrientes engloba, no, hace falta vivir el amor, más aún en estos tiempos pandémicos, en donde las personas se juegan la vida por darle bienestar y alivio a los enfermos, en los tiempos donde la familia se ve incomprendida y quienes la integran se esfuerzan por comprenderse a su manera, en los momentos donde las parejas procuran adaptarse a las pautas sanitarias por no poner en riesgo a quien está a su lado. Un sinfín de cuestiones para que el amor sobreviva en los tiempos de pandemia, sabiendo que podrían no ser los únicos tiempos donde se presente una crisis de salud a nivel mundial.
No incito a arriesgar la salud de ustedes, pero sí les motivo a que busquen maneras de demostrar amor en estos tiempos pandémicos, a que aprendamos a amar de una nueva manera después de toda esta deplorable situación por la cual atraviesa el mundo entero. Existen muchas formas de expresar y manifestar el amor, a través de las palabras, las miradas, o tal vez… un abrazo a la distancia.

