LA MANCHA DE SANGRE: LA CÚSPIDE DEL ARRABAL

Por: Cesar de Jesús

Cuando se indaga en los albores de la cinematografía mexicana, se puede notar que existen películas consideradas de culto, además de aclamadas por la crítica especializada. Algunos de estos filmes se encuentran perdidos por motivos varios, incluso ha habido casos de cintas que fueron recuperadas de forma eventual. La mancha de sangre es uno de esos casos en que la recuperación sucedió de forma accidental.

FOTO: CARTEL DE LA PELÍCULA. FUENTE: DESCONOCIDO, DE YT.

Dirigida por el cineasta y artista porfirista Adolfo Best Maugard en el año de 1937. La cinta que se creía perdida, sin embargo, fue restaurada por la Filmoteca de la UNAM, con la excepción de una parte de la película que no tiene imagen y otra fue subtitulada debido a que no se encontraron los rollos 6 y 9. 

La película es la antecesora principal del cine de rumberas, género explotado durante la década de los cuarenta y que incluso, nos permite ver secuencias que en su momento fueron consideradas «pornográficas” e «indecentes» para la sociedad de la época. Al leer la sinopsis, es imposible no recordar otra película famosa de ese entonces La mujer del puerto (1935), que guarda cierta relación en cuanto a la búsqueda del amor y del placer, sin contar que las dos películas fueron las pioneras en mostrar desnudos y ser parteaguas para el erotismo fílmico nacional.

En la película, Camelia (guiño directo a la novela de Alexander Dumas), es una prostituta que trabaja de noche en un cabaret de mala muerte en la Ciudad de México, el papel es interpretado por Stella Inda, en donde conoce a Guillermo (José Casal) y le ofrece su amistad y cuidados mientras él encuentra trabajo en la creciente urbe. Al cabo de un tiempo Guillermo regresa al cabaret, pero llega vestido en traje de gánster en la banda de “El Príncipe” (Manuel Dondé) por lo que Camelia decide a toda costa impedir los futuros planes de los maleantes para iniciar una vida en pareja con Guillermo.

Hay que reconocer el hecho de que Best Maugard atina en captar la esencia de los ambientes nocturnos de la Ciudad de México. Igualmente la trama de la película es pausada y de fácil entendimiento, contando la facultad de que los momentos de mayor armonización son de tipo erótico cuando: al inicio de la película, una prostituta se levanta la falda para dejar entrever su muslo torneado o la gran secuencia en claroscuros donde otra prostituta, a petición de sus clientes y compañeras, realiza un desnudo mientras es iluminada con una lampara a la música de un ligero “foxtrot” incluso podemos notar como una de sus compañeras se muerde los labios mientras la observa con total lascivia, sinónimo claro del lesbianismo oculto entre la secuencia.

FOTO: CHICA MOSTRANDO EL MUSLO. FUENTE: LA MANCHA DE SANGRE

Mas interesante aún, resulta el hecho de saber que esas escenas descritas, donde la sexualidad y la excitación se muestran de una forma sensible, son el arquetipo contrario de una formula explotada años antes en otra película: Santa (1928), en donde una jovencita provinciana venida a menos por el rechazo familiar, decide entrar a trabajar en un cabaret donde aparentemente le va de maravilla, no obstante a través de la película ella logra redimirse del mundo de la prostitución y los arrabales, gracias al favor de un ciego que le muestra el lado bueno de la vida. 

En La mancha de sangre, ocurre todo lo contrario, aquí vemos por primera vez a mujeres que se pasean orgullosas por el cabaret y ejercen con placer su oficio, cosa muy escandalosa tomando en cuenta el código de recomendaciones morales de la época. Incluso Stella Inda en su papel de Camelia, realiza una secuencia memorable en donde al pensar en su amado, se pasea por toda su habitación en bragas de seda y bata de chifón transparente, sin dejar nada a la imaginación del espectador sucediendo así una antítesis de la femme fragile, que espera ser rescatada por algún hombre por la carga de su pasado y dando paso a la figura de la femme fatale, aquella mujer misteriosa, enigmática, orgullosa y sumamente hermosa, que no le importan las opiniones de las personas. 

FOTO: STELLA INDA COMO CAMELIA. FUENTE: FILMOTECA UNAM

El guión, a cargo de Miguel Ruiz Moncada y de Adolfo Best Maugard, fue muy atinado en plasmar la esencia de la cultura mexicana a través de diálogos, además la ambientación funge con una simpleza que actualmente la catalogamos como sublime. De fondo aparecen la topografía del arrabal y el barrio mexicano, figuras como los boleritos, los ladrones, la vendedora de tortas y el “vendedor de toques” contando también a la clase obrera que participa como consumidora del sexo-servicio y el ambiente nocturno; todo esto corrió a cargo de Agustín Jiménez y Ross Fisher.

Es precisamente esta película de las primeras que se aleja de la carga cinematográfica del expresionismo alemán dando un ligero paso al neorrealismo, que nos recuerda un poco a la película Las noches de Cabiria (1957) de Fellini, no obstante, podemos percibir que el filme contiene características muy propias de su época, que olvida las pretensiones burguesas e influyentes que tenían algunas cintas extranjeras de la misma época, también es menester hacer notar que la vestimenta es propia de las clases bajas que venían a poblar una Ciudad de México ya extinta.

La película corre entre el ambiente nocturno del cabaret, (que en la realidad se llama El Leda) y las cantinas donde se reúne la banda de gansters, los parquecitos, donde se frecuentaban Camelia y Guillermo, sin contar las habitaciones personales donde tiene lugar las escenas de desnudo y erotismo que conmocionaron en críticas tanto positivas como negativas. 

La mancha de sangre es una película para los fanáticos del cine de rumberas, el número estrella de la película es, sin duda, la escena donde la bailarina se desnuda y baila al son de las composiciones de José Gamboa Ceballos, dejando entrever una secuencia de avance hacia el futuro. Precisamente es en las décadas posteriores a 1950 donde actrices de la talla de Ana Luisa Peluffo o María Félix estarían escandalizadas por realizar desnudos y semidesnudos para la pantalla grande. Es también en este mismo filme la fuente de inspiración (muy seguramente) para la realización de películas como Víctimas del pecado (1950) o Casa de Mujeres (1966), en donde no se muestran a prostitutas tristes y con pena de ejercer su oficio, sino que se muestran orgullosas de realizarlo día y noche, inspirando canciones que retratan su habitual manera de ganarse el dinero –Fue en un cabaret, donde te encontré bailando, vendiendo tu amor, al mejor postor soñando-. 

Inclusive puedo apostar a que los documentales: No es por gusto (1981) y Plaza de la soledad (2016) tiene una directa influencia de la película en la manera que se observa el trabajo de las mujeres en prostitución, ya que tanto el cine de este tipo tiene por objetivo retratar la sensualidad y el documental del mismo género capta la emancipación del oficio de la prostituta en el espacio urbano. La mancha de sangre es sin duda una obra magistral que debemos conocer, y descubrir en los detalles de la trama y la obra fílmica un espacio que trasciende la sensualidad y el erotismo al descubierto. 

FOTO: “DESNUDO” FUENTE: LA MANCHA DE SANGRE.

Deja un comentario