El apresurado regreso a clases no resuelve la actual crisis educativa

Por: Fernando Santander

Me atrevo a asegurar que no hay docente que no anhele regresar a su “entorno natural”, el aula. A riesgo de equivocarme, me atrevo a afirmar que todos/as las docentes desean profundamente estar de vuelta en sus aulas, frente a sus estudiantes, con un gis o un plumón en la mano; mirando los rostros, escuchando las voces, compartiendo las miradas. Dudo que haya docentes que no extrañen el encuentro áulico. Estarán de acuerdo conmigo en que sí, el deseo es regresar a las aulas, pero no sin antes garantizar la salud y la seguridad de los/las estudiantes.

En las últimas dos semanas, el tema del regreso a clases presenciales para finalizar el ciclo escolar 2020-2021 de educación básica y media superior, anunciado por la SEP, ha sido motivo de controversia. Es un tema polémico y complejo de abordar, por un lado porque los lineamientos no son claros y por otro, porque muchos de estos son debatibles según las distintas condiciones y contextos de cada establecimiento escolar. Frente a esto surge inevitablemente una pregunta ¿Tiene sentido un regreso así de apresurado y en los términos que ha dictado la autoridad educativa? Reflexionemos.

Lo que trajo la pandemia

La pandemia trajo consigo una grave crisis educativa, es innegable; hay por lo menos, 5.2 millones de estudiantes que quedaron sin acceso a la escuela debido a la pandemia según datos del INEGI.[1] A este escenario de exclusión grave en todos los niveles, se debe agregar el desconocimiento que tenemos sobre aquello que están aprendiendo (o no) los y las estudiantes que han logrado mantenerse en la educación escolarizada, por medios virtuales y en muchos casos de forma intermitente. En este aspecto, tenemos una inmensa laguna de desconocimiento que en su momento tendremos que atender; esto sin duda es alarmante y urgente, pero apresurar la apertura de las escuelas y el regreso a clases presenciales difícilmente solucionará tal crisis.

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Sin duda los diversos sectores de las comunidades educativas del país han empezado a dimensionar, desde hace ya varios meses, las enormes dificultades a las que nos enfrentaremos con el regreso a la presencialidad; ya no sólo las dificultades técnicas, de infraestructura, de condiciones de seguridad y sanidad, sino también a las dificultades didácticas y pedagógicas, porque las brechas de desigualdad educativa cada día se hacen más graves y más anchas. Hay estudiantes “ausentes”, no se ha sabido de ellos/as ni dónde están ni qué están haciendo sin escuela; hay estudiantes que han podido seguir en comunicación con la escuela de manera intermitente a través de sus maestros/as, sin embargo, tenemos un brutal desconocimiento de los niveles de aprendizaje reales que han alcanzado. La comunicación no es garantía de aprendizaje. Y por otro lado, tenemos a estudiantes que han podido dar continuidad a sus estudios con condiciones óptimas y apoyos pedagógicos de regularización particulares.

Esta crisis que ha desembocado en un amplio ensanchamiento de las desigualdades educativas, cruza desde elementos como el acceso, hasta las diferentes condiciones de aprendizaje que impactan directamente en los niveles de rezago; las/los docentes sabemos que el acceso a la actual escuela virtual o en línea no es garantía de aprendizaje, particularmente por la intermitencia que ha tenido y por las diferentes condiciones con que los niños y jóvenes cuentan para su educación.

Regreso ¿abrir o recuperar?

Lo anterior, lleva a pensar que al regresar a clases presenciales se generarán escenarios complejos para docentes y estudiantes, para la escuela y para el sistema educativo en general. Al imaginar el regreso a clases presenciales se proyectan o vislumbran diversos y variados escenarios, las y los estudiantes, así como las y los docentes, cargarán nuevas historias y experiencias, se encontrarán en una realidad nueva, con hábitos de convivencia distintos. Docentes y estudiantes tendrán que reconocerse en un espacio reinventado y, por ende, tendrán que reinventar sus vínculos y sus formas de estar y aprender en el aula.

Lo más probable es que los y las docentes enfrenten nuevos retos pos-pandémicos: grupos heterogéneos, cargados de desigualdades agravadas por la pandemia, serán grupos quizás más diversos y frágiles, habrá que aprender a fortalecerse juntos; la organización escolar tendrá que ser diferente, los procesos pedagógicos seguramente también se verán modificados, las normas, las relaciones, las jerarquías, los tiempos e incluso la misma infraestructura seguramente se modificará. Sería ingenuo pensar que en el futuro más próximo posible regresaremos a la misma escuela que recordamos.

Sí, estaremos de acuerdo en que necesitamos recuperar la escuela, pero necesitamos recuperarla en el sentido más amplio. Abrir las escuelas no implica su recuperación. Es necesario y urgente defender la escuela como un espacio seguro para los y las estudiantes, como un espacio de contención que garantice y salvaguarde todos sus derechos.

¿En las condiciones actuales es posible un regreso a las escuelas? Cada vez se mira con más claridad esa posibilidad; sin embargo, es importantísimo no caer en arrebatos y decisiones precipitadas. La historia del sistema educativo mexicano nos muestra antecedentes esperanzadores y útiles que evidencian que la educación formal siempre ha logrado encontrar su cauce aún a pesar de las carencias y adversidades.

Una mirada a la historia

En la época post-independentista nuestro país, a tropiezos y traspiés, encontró la forma construir un horizonte educativo sólido que guió la construcción del sistema educativo actual a pesar de las condiciones deplorables en las que se encontraba; durante el porfiriato el sistema educativo encontró un perfil y una personalidad particulares, en las decisiones educativas participaban grandísimos docentes y pedagogos que impulsaron una acelerada transformación y crecimiento sustentado en el pensamiento educativo crítico de la época; durante y después de la Revolución el sistema educativo siguió su consolidación, extensión y crecimiento, se avanzó en la expansión y construcción de escuelas y en garantizar el acceso gratuito a gran parte de la población desescolarizada y analfabeta de aquellos años.

Estos grandes procesos de construcción, transformación y crecimiento siempre estuvieron sostenidos sobre los hombros del magisterio y dirigidos por grandes educadores; al menos hasta antes de la llegada del neoliberalismo a México y sus correspondientes políticas educativas, a partir de esos años (80s y 90s) el sistema educativo frenó abruptamente su crecimiento.

Hoy día, enfrentamos nuevamente un reto colosal, un reto histórico y en México existen las condiciones, los elementos, el conocimiento y las personas para afrontarlo. Las y los docentes afrontarán, como históricamente lo han hecho, los grandísimos retos que la pandemia ha sumado a los ya existentes, de eso no tengo duda. Pero lo harán con las condiciones mínimas necesarias que esta profesión requiere y que no responden a calendarios electorales, ni a decisiones administrativas apresuradas y poco pensadas. Muchísimos docentes saben que las decisiones tomadas con base en criterios pedagógicos y didácticos distan mucho de las decisiones que hoy se están tomando desde perspectivas administrativas y/o electorales.

Es necesario devolver las riendas de la educación a los múltiples grupos de expertos, de investigadores y especialistas en el área, devolver el papel central que los  y las docentes han tenido en las transformaciones históricas de la educación en nuestro país; no caben falsos debates sobre si regresar o no, o sobre quién regresa más rápido; hoy tenemos que hacernos preguntas más relevantes y pertinentes ¿Cómo vamos a regresar? ¿Cuál será el momento más adecuado para hacerlo? ¿Bajo qué condiciones se puede y se debe hacer este regreso? Y ¿Cuáles serán los escenarios y los retos a los que nos enfrentaremos en esa nueva realidad? ¿Cómo vamos a combatir la actual crisis educativa?

Lo que se necesita para regresar a las escuelas

Es necesario darle autonomía a los establecimientos educativos para tomar las mejores decisiones, basados en sus contextos, sus recursos, sus condiciones y características particulares. Los actores educativos requieren de un tiempo suficiente para planear el regreso a clases, quienes se dedican a la docencia saben muy bien que el retorno a la presencialidad no es tan simple como retomar la escuela que dejamos el pasado marzo del 2020. Requieren tiempo para diseñar estrategias de arropo, de abrazo, de invitación; es prioridad recuperar a los y las estudiantes que la pandemia expulsó de la escuela y si los/las docentes van a regresar a sus escuelas tiene que ser para planear, diagnosticar y diseñar de manera colegiada el regreso antes de iniciar a dar clases.

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Es necesario también escuchar y vincular la voz de los niños/as, jóvenes y padres y madres de familia. No todos están esperando la hora de regreso, muchos están temerosos y en desacuerdo con la decisión de regresar a clases el 7 de junio; razones sobran.

Después del abandono que tuvieron los edificios durante más de un año, cientos de establecimientos no cuentan con luz, no cuentan con aulas, los baños están averiados, no cuentan con internet adecuado y en general los edificios necesitan rehabilitarse para recibir a estudiantes y docentes, sin olvidar las modificaciones necesarias que habrá que hacer en los espacios.   

Me atrevo a asegurar que todos/as las docentes deseamos con todas nuestras fuerzas regresar a las aulas y encontrarnos con nuestros/as estudiantes y, aunque la gran mayoría ya fuimos vacunados/as, de ninguna manera deseamos colocar en situaciones de riesgo a nuestros niños/as y jóvenes. ¿Queremos regresar? ¡Sí! pero sólo en el momento en el que se garantice las condiciones de seguridad sanitaria, educativa y con las condiciones dignas que nuestros estudiantes y sus familias merecen.

news.un.org

[1] Téllez, Cristian,“”Expulsa” la crisis a 5.2 millones de alumnos de las escuelas” [en línea] en El financiero, 2021.

Referencias

Téllez, Cristian, “Expulsa” la crisis a 5.2 millones de alumnos de las escuelas” [en línea] en El Financiero, 2021, consultado en:
https://www.elfinanciero.com.mx/nacional/covid-19-y-falta-de-recursos-las-principales-causas-de-desercion-escolar-en-mexico-durante-2020/ 1 junio 2018.

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