La conceptualización humana del espacio. De la Arquitectura a la Filosofía

Por: Daniel Luna

Los seres humanos necesitan de un número imprescindible de necesidades que deben ser cubiertas para subsistir como especie. Algunas de ellas se intuyen a través de reacciones fisiológicas acumuladas por experiencia, pero existen otras menos atendidas en la mecanización de la actividad humana. Ejemplo de lo anterior es el concepto de espacio, el cual sugiere ser una observación clara de un fenómeno obviado, por lo que existe una noción ingenua de él, misma que debe ser señalada antes de avanzar en la precisión de su análisis. 

Por definición general se concibe la idea de espacio como la condición previa a las cosas que contiene. El espacio es la distancia que hay entre sus ocupantes, el cual tiene la capacidad de extenderse de manera uniforme en todas las direcciones. Como especie humana vivimos ocupando el espacio, nos movemos en él e imaginamos posibles formas de desarrollarlo.

En la concepción ingenua subyacen nuevas ideas que clasifican el primer concepto en diferentes categorías. Calduch en su libro Temas de composición arquitectónica. Espacio y lugar presenta las siguientes variables del concepto. Primero parte con la idea del espacio pragmático, el cual define como: “el escenario de las acciones humanas, de nuestra actividad, que nos envuelve y donde nos movemos”[1]. Al punto anterior le sigue la definición del espacio de la percepción inmediata, el cual se despliega en un área mayor, pues este considera el campo de la visión y no se limita al mundo de las acciones. Ambos conceptos están incluidos en un espacio existencial creado a partir de esquemas mentales que el individuo se forma, dando origen a una imagen estable del ambiente, a su alrededor[2]. No obstante, este último concepto requiere de una revisión al pensamiento filosófico, el cual es esencial para el desarrollo de los siguientes párrafos. 

La noción de espacio en filosofía se ha reflexionado con mayor profundidad y constancia. El estudio en esta categoría parte con Aristóteles y su idea de lugar o topos, la cual forma parte de su concepción de realidad. Para este filósofo se necesita ocupar un espacio para existir debido a que rechaza la idea del vacío como parte de las experiencias del cuerpo sensible. De este modo vincula a la existencia de las cosas con el espacio. Por lo tanto, para el lugar es el límite, el punto de contacto entre los cuerpos. Así, cada cosa tiene asignado un lugar en el cual tiende a permanecer cuando lo alcanza.

Esta última idea es importante porque enlaza su teoría del lugar y explica su opinión del movimiento. Cada cosa tiene un lugar contiguo al lugar de las cosas colindantes a ella. Al respecto Calduch destaca: “El lugar no es ajeno a las cosas, sino consustancial a ellas. (…). Lo que no tiene lugar no existe físicamente. Pero el lugar no forma parte de la materia o la forma de las cosas.”[3].

De tal forma se establece la concepción del espacio como la distancia en la cual los objetos establecen una interacción formando un conjunto específico en el cual los seres cercanos a él tienen la posibilidad de relacionarse a través de los sentidos. Sobre esa definición es pertinente detallar los procesos los cuales ocurren una vez aceptada su presencia, puesto que al convertirse en un elemento disponible para el desarrollo de otras cuestiones de igual importancia, se incluye otra variante en el planteamiento de su análisis. 

Esta consideración va más allá de la delimitación de espacio como concepto, debido a que después de haber sido reconocido se debe considerar el fenómeno de su ocupación. Si bien las ideas de Aristóteles intervienen en el modo de pensar el espacio, existen otros filósofos que han matizado y enriquecido su utilidad influyendo de un modo importante en el pensamiento moderno. El primero, de los que aquí se resaltan, es Kant con su idea de las estructuras mentales racionalizadas en la percepción de lo que denomina realidad. 

En esa estructura mental Kant sitúa como categoría mental a priori los conceptos de espacio y tiempo, pues para él solo cuando estos estímulos son racionalizados pueden dotar al sujeto de información sobre su entorno. Por lo tanto, las nociones de espacio y tiempo son abstracciones de la mente, las cuales ayudan a organizar y comprender lo que captan los sentidos.

La idea de espacio se aprende intuitivamente conforme se desarrollan las estructuras mentales y se recauda nueva información a través del pensamiento. Esto último suma a la definición antes trabajada un elemento extra a considerar debido a que la aportación de Kant incluye aspectos que refieren directamente a la mente y la perspectiva de la existencia. A este tema le corresponde la exploración de la propuesta de un segundo filósofo moderno, el cual obliga a retomar un término desarrollado en las primeras páginas. Este concepto se trata del espacio existencial, el cual servirá como enlace entre la primera parte de la revisión y los apartados posteriores.

Antes se aludió la idea de espacio existencial como un esquema mental en el cual los seres humanos elaboran una relación con su entorno físico inmediato, cargándolo de significado.  Heidegger en su filosofía atiende esta premisa al plantear el concepto de espacio con un vínculo directo a la existencia. Para este autor, ser, estar y existir significan esencialmente apropiarse de un lugar. Incluso bajo esta premisa se propone que primero se ocupa el espacio y después se define la formación de su concepto. A partir de esa consideración se separan espacio y lugar como dos niveles diferentes de la misma idea, con la diferencia de la aplicación de lo que Heidegger llama habitar y residir

Finalmente, considerando el punto anterior, resaltan dos momentos en el proceso de definición de espacio. El primero es la ocupación automática que conduce a la idea de lugar y el segundo es la percepción a través de los sentidos que dirigen a la conciencia del momento antes realizado. Ambos, conforman el pensamiento moderno de espacio existencial como una combinación en donde se conserva la actividad y percepción de experiencia humana. No obstante, el hombre no solo puede estar y residir, sino que necesita pensar esa existencia y ese lugar en el que habita, de tal forma que es capaz de representarlo.


[1] Calduch, Juan, Temas de composición arquitectónica. Espacio y lugar, 2001, p.13. 

[2] Ídem.

[3] Ibídem p. 25.


Lista de referencias

Calduch, Juan. Temas de composición arquitectónica. Espacio y lugar. Editorial Club Universitario, España,  2001.

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