
Por: Eva Márquez
Si alguien nos preguntara de dónde somos, quizá lo primero que contestemos sea nuestra ciudad o país de nacimiento, si nos encontramos en el extranjero. Se trata de una respuesta casi automática, sin embargo, ¿es siempre correcta?, ¿somos del lugar en el que nacemos, o de la cultura que decidimos adoptar?, ¿nuestra identidad está marcada por las tradiciones que aprendemos o por la historia familiar?, ¿qué pesa más, la sangre, el territorio o nuestra elección?.
Estas son algunas de las reflexiones a las que invita Pachinko, libro publicado en 2017 por la periodista y escritora coreano-estadounidense Min Jin Lee. Aunque tiempo atrás la novela ya había alcanzado gran popularidad al ser recomendada por el entonces presidente Barack Obama, en los últimos meses de este año ha recuperado su fama con el estreno de una serie homónima, inspirada en el libro de Min Jin Lee y producida por Apple TV+.
Pachinko narra la odisea de una familia coreana que se ve obligada a emigrar a Japón en búsqueda de un mejor futuro, esto durante la ocupación japonesa en Corea. Acompañaremos a cuatro generaciones de dicha familia en su travesía, que comienza en el pueblo pescador de Yeongdo, se detiene en Osaka, Japón, e incluso llega a Estados Unidos, y regresa a Japón. La obra cuenta con varios puntos fuertes, pero uno de sus aspectos más interesantes es el periodo histórico en el cual está ambientada, que va de 1910 a 1989.
Durante el siglo XX ocurrieron diversos acontecimientos históricos que transformaron el mundo, pero estamos acostumbrados a verlos desde una perspectiva occidental. Por esta razón, es bastante probable que, a pesar de no ignorar sucesos como la Primera y Segunda Guerra Mundial, o la caída del Muro de Berlín, desconozcamos qué sucedía en naciones más alejadas culturalmente, por ejemplo, Corea.

Con el Hallyu, también llamado la ola coreana, este país empezó a alcanzar gran reconocimiento, en especial por su producción de cultura pop. En esta década se han vuelto muy populares los grupos de K-pop, así como las series y películas surcoreanas. La imagen que nos brinda del país está cargada de glamour y perfeccionismo, retrata a una sociedad rica; nada más alejado de la Corea del siglo pasado, que sufrió casi 35 años de ocupación japonesa. La obra de Min Jin Lee nos explica ese periodo histórico coreano.
La novela está dividida en tres “libros”, cada uno correspondiente a un periodo histórico: Libro I: Gohyang/ Tierra natal (1910); Libro II: Madre patria (1939-1962); Libro III: Pachinko (1962-1989). A través del nombre de cada capítulo, también nos remite a la nostalgia por la tierra abandonada y, si bien en Pachinko nos encontramos con diversas situaciones, siempre está presente la reflexión en torno a la identidad, individual y colectiva: ¿de dónde se es?.
Por otro lado, aunque la novela sigue a cuatro generaciones de una misma familia, sí es posible decir que tiene a una protagonista. Sunja es la hija de un pescador cojo con labio leporino y una mujer sin riqueza, quienes se dedican a atender una casa de huéspedes en Yeongdo. En esta primera parte del libro, con el pueblo como escenario principal, se da a conocer la vida de los coreanos durante los primeros años de la ocupación japonesa. Es interesante cómo los acontecimientos de talla mundial suponen un cambio minúsculo en la rutina de los campesinos y pescadores: “Capitulara China o se vengara, habría que arrancar las malas hierbas del huerto, habría que tejer alpargatas si querían tener zapatos, y habría que mantener alejados a los ladrones que a menudo intentaban robar sus gallinas”[1].
A pesar de que la casa de huéspedes se perfila como el futuro seguro de Sunja, ella conoce a un hombre que la intriga: Koh Hansu, un coreano que parece japonés, pero que tanto los unos como los otros no reconocen como uno de ellos, tan sólo toleran su presencia. Él es la primera imagen que tenemos de un personaje que aparenta carecer de patria y, a pesar de ello, tiene presentes conceptos como libertad, identidad y tradición. De Hansu, Sunja aprende que el mundo es más grande que Corea y que Japón.

La trama gira en torno a las experiencias de Sunja, quien tiene que dejar su pueblo natal debido a que está embarazada y el padre no se hará cargo del bebé, por lo que acepta casarse con un pastor cristiano venido de Pyongyang (la ahora capital de Corea del Norte). Ambos se mudan a Osaka, donde esperan tener una mejor vida, pero se dan cuenta de que las cosas no son nada fáciles para los coreanos en Japón, menos en el contexto de las guerras mundiales, con Japón como participante activo.
Mientras Sunja y su familia hacen lo posible para sobrevivir, a través de diálogos y situaciones cotidianas, el lector puede seguir la pista de lo que ocurre y está cambiando el mundo: la derrota de las Potencias del Eje, las bombas atómicas de Nagasaki y Hiroshima, el conflicto entre dos partes de Corea que terminará en la división del país… A través de un retrato de familia, no sólo se da a conocer la historia de la nación coreana, sino que se analiza y explica desde la cotidianidad un conflicto que hasta la fecha no ha sido resuelto: la Guerra de Corea.
Min Jin Lee entrelaza con maestría la historia social con las vivencias y sentimientos individuales. Sus personajes tienen sus propios conflictos, que responden al contexto que experimentan.

Así, otro punto a resaltar, es cómo sus personajes femeninos pueden hacernos pensar en situaciones feministas, incluso si consideramos que ellas carecen de ese término en su vocabulario. No obstante, no lo necesitan, porque existe el deseo de libertad y la sensación de que algo está mal en la tradición:
– Go- saeng –dijo Yangjin en voz alta–. El destino de una mujer es sufrir.
– Sí, go-saeng –dijo Kyunghee, repitiendo la palabra <<sufrir>>.
Sunja había oído aquella idea toda su vida, en boca de otras mujeres: que debían sufrir. Sufrir de niñas, sufrir como esposas, sufrir como madres […] Go-saeng: esa palabra la enfermaba. ¿Qué más había, además de aquello?[2]
La lectura de Pachinko nos brinda una perspectiva más amplia no sólo de la historia de Corea y de Japón, sino también de la migración, de cómo no es suficiente sólo sobrevivir, sino de que existe una necesidad interior de poder identificarnos con un grupo, pero que esto puede volverse más complejo de lo imaginado: “¿Era mejor ser norteamericano que japonés? […] Phoebe tenía razón, era extraño que Solomon hubiera nacido en Japón y tuviera un pasaporte de Corea del Sur”[3].
¿Se es del lugar en el que se nació o de donde nacieron nuestros padres y abuelos?. ¿Se es hasta que los otros te reconocen o es suficiente con reconocerse uno mismo?.
[1] Lee, Min Ji, Pachinko, 2018, p. 20.
[2] Ibídem, p. 404.
[3] Ibídem, p. 458.
Referencia
Lee, Min Jin, Pachinko, España, Quaterni, 2018.
