Si no pagas por el producto, el producto eres tú. Adiós al like en Twitter

Por: Rubén Méndez Torres

«Hay dos industrias que llaman a sus clientes usuarios: la de las drogas ilegales y la del software». The Social Dilemma

Hace un año, escribía para el Proyecto Fractales el artículo denominado: “Navegando en aguas tóxicas: abogando por un entorno más positivo en Twitter”. En él, comentaba sobre situaciones que convertían en un espacio hostil esta red social. En 2022 Elon Musk adquiría TW, señalando nuevos cambios hacia la plataforma y su desarrollo de uso. Para 2023 esta red cambió de nombre, pasando a llamarse “X”, sin embargo, la resistencia de sus usuarios ha permeado a omitir este y otros cambios de los que su nuevo dueño ha impuesto. Incluso, como usuario y autor de esta reflexión, he decidido mantener el antiguo nombre de Twitter, pues ni siquiera se ha llegado a un consenso de cómo se pronuncia el nombre, ya sea “equis” o “ex”.

Han sido diferentes situaciones de crítica hacia Musk por las decisiones que ha tomado para con la red. No obstante, me avocaré a la sucedida recientemente, la eliminación de la visualización de likes hacia otros usuarios. Estas reflexiones no tienen la finalidad de señalar una verdad absoluta, sino la invitación a un uso consciente de estas plataformas, y que reflexionemos más allá de aquello que nos involucra, porque al final, somos sus usuarios. Añadiendo que, pensar en que sólo se trata de un capricho de Musk, sería reducir el control y poder que tienen las redes sociales en nuestra era tecnológica. Y aunque aún es posible darle like a los post, ¿qué objeto tiene entonces no saber de quién son?

La acción referida a los likes implica tres principales efectos (visibles por el momento). La primera de ellas es que, se ha eliminado el apartado que te permitía conocer las publicaciones a las que una cuenta había likeado. Esta función podría ser usada de formas muy diversas. Por un lado, se prestaba al hecho conocido como stalkear involucrado en temas de curiosear en los gustos de las personas, indirectas o incluso, en un estado emocional. Y por otro, también era una herramienta para conocer la posición política, afinidades partidistas e ideológicas de alguien. Esto último puede sonar exagerado, pero en mi experiencia, muchas veces llegué a concordar con un post de alguna persona; y con la intención de compartirlo, primero ingresaba a su perfil para saber qué cosas likeaba, y si observaba que era a posturas contradictorias a las mías, o incluso, a los propios derechos humanos, prefería silenciarla para que no me volviera a aparecer.

Ello supuso convertir a la red en un espacio del “buen comportamiento”, pero también una forma de evidenciar a políticos con ideas racistas o sexistas, por los likes que daban. Conocer si están a favor de las ideas progresistas o si tienen una postura ante un conflicto mediático. Se trataba de la interpretación de lo no dicho, el discurso se analizaba desde aquello que “le gustara” a alguien. La omisión de esta función, oculta cierta postura de las personas en esta red, pues no hay forma de criticar o evidenciar el apoyo reaccionario de a quienes se les denomina “snowflake”[1].

El segundo efecto tiene que ver con la “viralidad” de una publicación. La plataforma ya no permite poder ver quiénes le han dado like a un post, o incluso a los nuestros. Se vuelven “me gusta incógnitos”. Esta situación habrá que reflexionarla desde la publicidad y el impacto mediático que tienen los likes. En las suscripciones para la “verificación” prometen que si pagas, tus post serán mostrados a más personas y así tendrás mayor alcance. El problema y preocupación es que, ¿cómo podemos saber qué esas estadísticas son reales? Y peor aún, ¿cómo saber que se tratan de personas reales dando like? No podemos perder de vista que, la viralización orgánica, es decir, aquella que las personas reales logran por interés en un movimiento, tiene alto impacto en los cambios de decisiones políticas, económicas e incluso de impacto en las leyes de un país, el #MeToo es un claro ejemplo de ello.

Y si hablamos de que, en Estados Unidos, se acercan las elecciones, podemos concluir que es posible que esta movida responda al interés de posicionamiento de algún candidato a la presidencia de este país. Yael Vázquez José publicó el artículo para la ReMJI denominado Tendencias democráticas: el caso de #Twitter que hacía un acercamiento a este fenómeno de cómo impacta el rol de las redes sociales en los ejercicios electorales. Esta situación resulta grave cuando el control de aquello que se hace viral o no, queda en manos de quienes controlan la plataforma y no de quienes la usan. Pues visualmente, tiene un impacto ver un post de un candidato con 100 mil likes y a su contrincante tener solo 2 mil. Ello supondría que las personas están más de acuerdo con el primero, sumando así, peso y empatía. Si sale un “escándalo” sobre alguien, y este paga para que no se viralice, puede llegar al precio del control de los daños. Al final se convierte en una forma de control y censura, que, seguramente, no quedará aquí.

El tercer efecto llega a la despersonalización de la red social, pues ya no sabemos si quien se supone interactúa con nosotros es una persona real o se trata de un bot más. Celebridades pueden pagar por sumar miles de likes a la nueva música que publican, dejando a artistas emergentes detrás. Políticos pueden señalar que tienen un alcance amplio en redes, tratando de hacerse viral desde el meme, la parodia y la gracia mediática. De por sí, ya era complicado compartir contenido de calidad en esta red, ahora se ha vuelto más hostil. Páginas de universidades no superan los 25 likes en posts, e incluso, la página de la ReMJI en Twitter apenas y llega a mostrarse a 50 personas de las más de 2500 seguidores que tiene. En redes sociales como Instagram o Facebook propiedad de Meta, se ha llegado a comercializar con los likes y los seguidores, incluso, no necesariamente con la empresa dueña de la plataforma, sino con “granjas” de bots que inflan los números. Se viene una etapa muy oscura para la información. Cada vez será más difícil reconocer qué es verdad, así sea en un escrito, una imagen o un video en redes sociales. Nos queda el discernimiento de los mensajes. No tomar reacciones impulsivas ante supuestos hechos y cuidarnos de la toxicidad. Y por qué no, dejar de pasar tanto tiempo en las redes sociales para liberarnos de esta ansiedad.


[1] Se trata de un término descalificativo hacia alguien que exagera la singularidad y vulnerabilidad emocional, para ofenderse fácilmente, siendo incapaz de lidiar con opiniones opuestas. Tienden a bloquear a aquellos que le contradicen o dependiendo de su alcance, enviar a sus seguidores a atacar o agreden ellos mismos.

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