Por: Edder Tapia Vidal
Recientemente, una serie de textos publicados en el Proyecto Fractales ha captado mi atención sobre un tema que parece emerger sutilmente entre las líneas de nuestras autorías. Dos textos en particular me han llevado, cada uno desde su perspectiva epistemológica, a reflexionar sobre fenómenos que, aunque aparentan ser problemas ajenos, logramos visibilizar en nuestro quehacer cotidiano. Tanto la exhortación de Rubén Méndez Torres[1] a valorar la importancia del trabajo administrativo en el ámbito académico como el desafío planteado por Erick López[2] para reconocer y enfrentar el cambio climático me han permitido identificar un tema que, si bien es familiar para ellos debido a su perfil profesional y actividad laboral, no lo es para el resto de la población.
En nuestra condición de observadores y observadoras con perfiles académicos, encuentro en el periodismo científico un papel crucial. Aunque esta actividad puede parecer distante por su nombre, estoy convencido de que todas las personas que colaboran en el Proyecto Fractales, o en cualquier otra plataforma de índole científica, la hemos ejercido en mayor o menor medida. Con este fractal, me adentro en un área que, aunque desconocida para cierto segmento de la población, es de vital importancia para los propósitos de cualquier grupo de investigación.
El periodismo científico ha sido, de diversas maneras, un pilar esencial en la formación de una sociedad informada y crítica; claro que habría que matizar esta afirmación. En México, esta disciplina ha desempeñado un papel crucial al llevar el conocimiento científico a la población en general, permitiendo que temas complejos como la salud, el medio ambiente y la tecnología sean comprendidos por un público amplio. Así, el personal médico puede informarse sobre leyes, la comunidad de ingeniería puede adentrarse en la literatura y la población sin formación académica puede acceder a cualquier tema de su interés. Sin embargo, el periodismo científico en México ha enfrentado desafíos considerables, que van desde la escasez de recursos hasta la lucha estructural contra la desinformación. En este contexto, las nuevas generaciones universitarias, junto con las no tan nuevas, tienen una responsabilidad social clave en la continuidad y fortalecimiento de esta labor.

Fuente: Zahra Amiri en Unsplash
Un poco de contexto histórico
El periodismo científico en México tiene sus raíces profesionalmente institucionalizadas durante la segunda mitad del siglo XX. Acciones que se concretan específicamente con la creación del otrora CONACyT en 1970, aunque desde décadas anteriores existieron otros órganos que cumplieron labores de divulgación –el Consejo Nacional de la Educación Superior y la Investigación Científica (1934-1940), la Comisión Impulsora y Coordinadora de la Investigación Científica (1941-1950) y el Instituto Nacional de Investigación Científica (1950-1970)–, no fue sino hasta 1979, con la obtención de la sede del Tercer Congreso Iberoamericano de Periodismo Científico en la Ciudad de México, que empezamos a hablar y trabajar bajo un manto de intención más concreto; no así el manto conceptual porque aún faltaría tiempo para identificar y discernir entre lo que sí es periodismo científico de lo que no.[3]
Considero importante resaltar que pese a la ausencia de conciencia disciplinar, figuras importantes de la cultura mexicana realizaron labores de periodismo científico desde que México se llama de esa forma. ¿Acaso no podemos considerar periodismo científico las exposiciones escritas y fotográficas que han impregnado nuestra prensa a lo largo de los siglos XIX y XX? ¿Dónde quedaría la labor informativa de todas aquellas personas que, sin importar la nula formación periodística, han aportado a acercar el conocimiento al público general? Pensemos en personalidades como José Antonio Alzate, Antonieta Rivas Mercado, Xavier Villaurrutia, Elena Poniatowska, Carlos Monsiváis, Armando Ramírez o Luis Estrada: filtraron la vida artística, cultural y científica al espacio público, ahí donde también son necesarias.

Fuente: Sergio González en Unplash
Periodismo científico como herramienta multidisciplinar
A lo largo de las décadas, este campo ha evolucionado en paralelo con los avances tecnológicos y sociales. Desde la cobertura de epidemias hasta la difusión de investigaciones ambientales o la difusión de sucesos artísticos, el periodismo científico ha sido una herramienta poderosa para informar y educar a la ciudadanía. Ahora bien, y a pesar de sus avances, la disciplina ha sufrido de una profesionalización limitada y una escasez de recursos que a menudo resulta en difusiones insuficientes o inexactas. Empero, veo en este problema, un amplio espacio de oportunidad. Desde un punto de vista multidisciplinar, narradores o periodistas podrían exportar técnicas de escritura hacia otros campos académicos. Como en el caso de Triptofanito (personaje creado por Julio Frenk), la difusión de avances científicos y conocimientos especializados no están peleados con estrategias lúdicas o narrativas.
Otro uso posible sería que las gacetas informativas de los centros de investigación tuvieran un alcance mayor al de su población endémica. Si los físicos sólo escriben para los físicos, resultaría difícil que otros comprendieran su trabajo. Situación que se repite si hablamos de los avances y actualizaciones sobre ciertos proyectos de investigación. Resultaría gratificante adentrarse desde el punto de vista de los expertos en su trabajo cotidiano, en el funcionamiento de sus herramientas, de sus laboratorios, de sus acervos. Imagino que esta es la razón por la que Cosmos ha tenido tanto éxito entre el público, vuelve accesible un tema complejo, pero interesante. Me pregunto qué sería de nosotros si existiera el Anuario de patentes mexicanas, ¿fomentaría el desarrollo e implementación técnica?, ¿o por el contrario, aumentaría la paranoia causada por el espionaje científico?
Impacto social y desafíos actuales
No hay duda de que el impacto del periodismo científico en la sociedad mexicana ha sido variado. Ha contribuido a la educación pública, fomentando una mayor conciencia sobre temas críticos. Sin embargo, en un contexto donde la desinformación y la politización de la ciencia son desafíos crecientes, debe adaptarse y reinventarse constantemente. La digitalización y la proliferación de redes sociales han transformado la forma en que se consume información, obligándonos a ser más innovadores y precisos en nuestra labor científica y de difusión.

Fuente: Andrew Ebrahim, en Unsplash
Para las nuevas generaciones de jóvenes investigadores el periodismo científico representa una oportunidad y una responsabilidad. La juventud que se formará en un entorno cada vez más digital y globalizado, tiene el potencial de revitalizar esta disciplina. Su participación es esencial para asegurar que el periodismo científico siga siendo una herramienta eficaz para la transformación social. Es crucial que se desarrollen habilidades que permitan comunicar ciencia de manera efectiva y que se comprenda la importancia de la labor en el contexto de los grandes desafíos del siglo XXI.
A manera de cierre
Es nuestro deber generar las herramientas necesarias para mejorar nuestra realidad, cada quien con el estilo que nos permite nuestra formación y modo de ver la vida. El periodismo científico en México no solo es una profesión, sino una responsabilidad social que impacta directamente en el bienestar de toda la población. Su futuro depende de la capacidad para asumir este reto a través de una comunicación clara, precisa y accesible. Solo así podremos será posible generar un ambiente más informado, crítico y preparado para enfrentar los desafíos que nos depara el futuro.
[1] Méndez Torres, Rubén, “Tras bambalinas. El reconocimiento de lo administrativo ante la soberbia académica”, en Proyecto Fractales, [en línea], 07 ago. 2024.
[2] López, Erick, “Efectos del cambio climático: un reto para las juventudes”, en Proyecto Fractales, [en línea], 19 ago. 2024.
[3] Garza-Almanza, Victoriano, “Periodismo científico en México”, en Culcyt / Comunicación científica, 2016, p. 5.
Lista de referencias
Garza-Almanza, Victoriano, “Periodismo científico en México”, en Culcyt / Comunicación científica, año, 13, núm. 58, 2016, p. 5.


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