¿Te has puesto a pensar en la fragilidad de la vida?

Por: Carlos Palomares Rivera

Reflexión: Inicio este texto invitando a la reflexión sobre una interrogante: ¿Te has puesto a pensar en lo frágiles que somos los seres humanos? Y es que este análisis parte de la manera en la que nos conducimos por la vida. Debido a la rutina y la cotidianidad de nuestras actividades, en ocasiones, pareciera que jamás se verán interrumpidas por el torbellino que significa, por ejemplo, un ingreso hospitalario. Olvidamos que estamos propensos a accidentes, afecciones o, enfermedades que nos llevarán a estar postrados en una cama de hospital bajo estricta vigilancia médica.

  1.  Decisiones

La vida es una constante línea que sube y baja, lo que nos mantiene en un tránsito entre momentos buenos y malos, en este vaivén podemos vernos involucrados en algún lamentable accidente que nos lleve a una sala de hospital, sin embargo, también existen otros factores que nos ponen en esta desfavorable situación: nuestras decisiones. En mi caso, fue una serie de malas elecciones las que me llevaron a ese punto, descuidé mi salud y no atendí los malestares previos que me advertían que estaba llevando mi cuerpo al límite.

Es así que,  el miércoles 8 de octubre de 2024, alrededor de las 20:00 horas, me encontraba a las puertas del área de urgencias del Hospital General Dr. Darío Fernández Fierro. Afortunadamente, aún pude valerme por mí mismo, y por mi propio pie ingresé al módulo de triage que es el “…área donde se realiza la toma de signos vitales y la valoración inicial (del paciente) y se asigna el nivel de prioridad y clasificación de la urgencia.”[1] En el nosocomio en el que me encontraba la clasificación se divide en tres:

  • Semáforo rojo: La atención debe ser inmediata debido a que la vida del paciente se ve comprometida.
  • Semáforo amarillo: El paciente puede esperar un lapso que no rebase 60 minutos debido a que la afección puede empeorar con rapidez.
  • Semáforo verde: La atención no es prioritaria, toda vez que la afección no corre riesgo de evolucionar ni de comprometer la vida del paciente.

Fuente: La Jornada

Es así que, después de una minuciosa revisión, la médica encargada de la valoración me asignó semáforo rojo, es decir, mi condición de salud era tan delicada que mi vida estaba comprometida.

  1. Del proceso de ingreso

La primera instancia es ingresar al área de corta estancia, donde se brinda la atención necesaria para estabilizar al paciente, una vez hecho lo anterior, el médico responsable del área de urgencias me explicó que mi condición de salud era de pronóstico reservado y que irme a mi casa representaba un riesgo para mi vida, fue entonces que se me asignó una cama en el área de urgencias quedando a merced de la ciencia, los conocimientos del médico tratante y, al profesar la religión católica, de Dios.

Al día siguiente, muy temprano, me tomaron muestras de sangre para laboratorio y en punto de la 9:00 horas me trasladaron al área donde se encuentra el instrumental para realizar los estudios ordenados. Es de resaltar el sistema de organización que tiene el personal del hospital para que los pacientes (que ya bastante mal la estamos pasando por nuestra condición de salud) no esperemos en la intemperie del frío ni expuestos. La atención es amable, digna, respetuosa y empática.  Una vez hecho lo anterior se me dio el diagnóstico: Neumonía severa.

Desde el primer momento, el médico especialista en medicina interna se presentó y  a sus colegas, haciendo de mi conocimiento que sería  el responsable de mi caso. Me explicó la causa de la neumonía, el tratamiento a seguir y el pronóstico de recuperación; también me notificó que ese mismo día, en cuanto existiera disponibilidad, me llevarían al área de medicina interna para que pudiera iniciar el tratamiento. Por lo que una vez enterado del procedimiento, sus complicaciones y el pronóstico de recuperación, acepté el tratamiento y esperé a que me trasladaron a piso.

Fuente: Gobierno de México

  1. De la experiencia de vivir una hospitalización

Me gustaría compartir  un poco de mi experiencia hospitalaria. Como era de esperarse, y sin que esto me genera ninguna molestía, lo primero que noté fue que la institución atiende una importante cantidad de derechohabientes, lo que implica que se nos agrupe en pabellones compartidos. En el área de urgencias se convive con personas que sufren muchas afecciones, el ambiente es agobiante para los pacientes, primeramente porque es aquí donde tenemos los mayores malestares y donde el dolor y sufrimiento humano es más evidente.  El tiempo que pasas ahí está plagado de gritos, llantos, situaciones de emergencia y momentos de mucha angustia. Dormir es prácticamente imposible  y alimentarte en un ambiente tan denso es difícil. Aunado a lo anterior, en esta área está prohibido ingresar con teléfonos celulares o con cualquier objeto como libros que podrían aligerar la estancia.

La situación mejora cuando se nos traslada a piso, en esta área ya se permite el uso de celulares y el ingreso de objetos como libros. Los pabellones se reducen de cuarenta personas a seis, ya hay regaderas donde te puedes bañar y en general se está más cómodo. Yo ingresé al área de medicina interna, donde compartí pabellón con cinco personas con serios problemas de salud, uno de ellos incluso estaba intubado. Al estar en un espacio compartido es fácil escuchar los diagnósticos clínicos y un poco de sus historias de vida, de esta forma me enteré que, uno de los pacientes tenía ya más de cinco meses internado y que su familia dejó de asistir con frecuencia, incluso su cumpleaños la pasó solo, teniendo la compañía del personal de enfermería. 

Fuente: Gobierno de México

Uno de los momentos más crudos que viví en el internamiento fue cuando el paciente de la cama junto a mí, murió a escasos centímetros . Todo comenzó entrada la madrugada, el paciente se inquietó, entró en crisis, llegaron médicos y enfermeras y a pesar de sus esfuerzos, falleció. Yo, definitivamente, no estaba listo para enfrentarme a una situación de ese tipo, no sabía si llorar, decir algo, intentar dormir… Lo único que atiné a hacer fue rezar. Desafortunadamente, no fue el único; de los cinco compañeros de cuarto, vi morir a cuatro, todos en condiciones muy desfavorables, algunos con mucho dolor, otros en completo abandono, solitarios en un pabellón de hospital rodeados de personas que no conocían.

Otra de las situaciones más complejas de la hospitalización es la dependencia que tienes de todas las personas, primeramente de las y los médicos que son quienes tienen los conocimientos para ordenar el suministro y las restricciones; luego del  personal de enfermería, que son quienes ejecutan las órdenes médicas, por ejemplo: a mí no se me tenía permitido ni siquiera salir al pasillo a caminar, la comida no lograba satisfacer mi hambre y pedir más porciones o que mi familia me llevará colaciones, requería de la autorización médica y una serie de procedimientos administrativos. Es muy complejo de pronto verte postrado en una cama de hospital a la venia de tantas personas sin poder hacer nada más que esperar.

  1. De la gratitud que guardo al personal médico y de enfermería

Desde que llegué al área de corta estancia del hospital el trato fue amable y digno, en mi paso por urgencias me trataron empáticamente y durante toda mi estancia en el hospital recibí siempre amabilidades de parte de todo el personal, incluso con sonrisas, que hacían más llevadero el tiempo que uno pasa interno.

Primeramente expreso mi agradecimiento a mi médico tratante, quien tuvo todos los elementos necesarios y aplicó tan maravillosamente bien sus conocimientos que llevaron a un diagnóstico certero y oportuno. A su grupo de residentes, mujeres y hombres muy jóvenes que tienen vocación y ánimos de ayudar a seres humanos que atraviesan momentos de mucho dolor y decadencia. A ellas y ellos los vi dormir pocas horas, estudiar hasta que el cansancio les vencía, aprenderse la situación clínica de cada paciente a su cargo y buscar alternativas y soluciones para la pronta recuperación de quienes nos encontrábamos ahí.

Muy especialmente también reconocer y agradecer infinitamente el arduo y fundamental trabajo de todo el personal de enfermería, hombres y mujeres muy dispuestas a ayudar, a cuidar, a vigilar, a atender y a hacerte la vida lo más llevadera posible estando en el hospital. Son ellas y ellos quienes están de manera más constante acompañando en todo el proceso. El personal de enfermería ayuda a todas las personas en momentos de mucha vulnerabilidad.

Yo tuve la enorme fortuna de que todo el personal médico y de enfermería que me asistieron siempre fueron muy amables, respetuosos y empáticos conmigo. A todas y todos ellos, gracias, gracias, ¡GRACIAS! Aprovecho este espacio para agradecer también a todo el personal que interviene para que los pacientes estemos bien, desde lo administrativo, el área de trabajo social, el personal de limpieza, de mantenimiento, de laboratorio y de cocina. Infinitas gracias a todas y todos ustedes.

  1. Para reflexionar

En estas breves líneas he plasmado cómo fue mi experiencia hospitalaria; viendo con gratitud la serie de privilegios que me acompañaron durante el proceso. La finalidad de este fractal no es crear una competencia sobre quien ha sufrido más en esta situación, es para mostrar que somos vulnerables y que con todo y muchos privilegios, una temporada en el hospital nos lleva a reflexionar que la vida es corta como para enfrascarse en banalidades. Que debemos permitirnos gustos, que debemos ser agradecidos, que la vida es muy corta como para no vivir al maximo cada momento, que debemos aprender de nuestros errores, que la flojera es un mal que nos limita, que los rencores no sirven de nada. Debemos aprender a pedir perdon y a perdonar


[1] Hospital General de México, Urgencias, descripción del servicio, [en línea], 31 oct. 2024.


Lista  de referencias:

 Hospital General de México, Urgencias, descripción del servicio, [en línea], consultado en: https://hgm.salud.gob.mx/interna/unidades/urge/urge.html, 31 oct. 2024.

Deja un comentario