Recuento de vidas: reflexión sobre las decisiones, el destino y los aprendizajes

Por: Eva Márquez

Las redes sociales son tierra fértil de diferentes opiniones, chistes, reflexiones y tanto más. Es una combinación perfecta de seriedad, humor, esperanza y cinismo. Recuerdo que no hace mucho algunos contactos míos compartieron una frase que me pareció divertidísima, que rezaba algo así: “He tenido diferentes oportunidades de tomar malas decisiones, y no he desaprovechado ninguna”. Inmediatamente pensé “sí soy”. Claro, no es que lo pensara de manera literal. Soy consciente de que, para empezar, definir cuál es una decisión correcta de otra errónea, no es sencillo. Sin embargo, sí me tomé unos minutos en cuestionar ciertas decisiones pasadas y a dónde me habían llevado.

Tomar una posición específica respecto a cómo abordar la vida, desde la libertad o desde la idea del destino, es un debate todavía interminable. De manera personal, soy alguien a quien le gusta buscar un punto de equilibrio, así pues, vivo con la idea de que la existencia tiene un poco de esto (libertad de decisiones) y un poco de aquello (destino, consecuencias o situaciones imposibles de calcular). También me gusta pensar en la idea de los mundos posibles, donde, por ejemplo, en lugar de haber escogido café, preferí té y lo que de ello se derivó.

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El ser humano es reflexivo e imaginativo por naturaleza. Podría afirmar con bastante seguridadque no hay persona que no se haya preguntado al menos una sola vezcómo hubiera sido si… Más allá de si uno se arrepiente o no de una decisión (lo cual tampoco es fácil determinar en variadas ocasiones), hay elecciones en la vida que suponen un antes y un después. Sus consecuencias (y hubieras posibles) nos acompañan gran parte de nuestra vida. A estas reflexiones temáticas, las bautizo mis otras vidas. ¿Mejores, peores? No puedo comprobarlo, pero pensar en ellas me ayuda un poco a entender mi presente.

“¿Qué hubiera pasado si hubiera decidido estudiar otra cosa? ¿Qué hubiera pasado si no me hubiera ido a ese lugar? ¿Si nunca hubiera salido con x persona? ¿Y si me hubiera enfocado en otro objetivo? ¿Qué pude haber hecho diferente para que esto hubiera sido de otra manera?”. Sé que no soy la única que se formula este tipo de preguntas en los momentos más random de su día. También considero que hay periodos de la vida en donde las preguntas son más frecuentes. Por ejemplo, en mi caso, ahora.

Se nos ha enseñado que de cada mala experiencia o aparente “error” hay que sacar un aprendizaje. Es un mantra optimista, entiendo su importancia, pero incluso este mantra pro-errores, tiene sus fallas técnicas y no puede ser abordado como ley universal. La vida, este año en particular, me ha demostrado que a veces nosotros no cometemos ningún error, y todo sale mal, o no hacemos nada en particular, y todo sale bien. Ambas son posibles, pero me concentraré en la primera, porque es la que más nos tortura.

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Cuando ocurre algo extremadamente mal en nuestra vida, para reír un poco, nombrémosle momento canónico[1], habrá quiénes se devanen los sesos reproduciendo cada paso que lo condujo a ese evento, para tratar de encontrar el segundo específico en donde todo empezó a salir mal, y si hubiera sido posible evitarlo, tomar otras decisiones. ¿Hubo signos que anticiparan el desastre? A veces sí, pero otras no. Es entonces cuando las que llamo destino, las que estuvieron fuera de mis manos, completamente imposibles de predecir. No fueron tus decisiones, no son errores, y no hay motivo específico para vivirlas. Después de torturarte hasta entender que no había nada que pudieras haber hecho distinto, de ellas se aprende que no puedes prevenirlo todo. Aquel viejo refrán siempre estuvo lleno de sabiduría: cuando te toca, aunque te quites; cuando no, aunque te pongas.

Son eventos de ese tipo los que hacen que a mí me parezca muy difícil desechar la idea del hado griego. No obstante, defiendo mi libertad de elección en la toma de decisiones, y si bien hablo de mis presentes otras vidas (las yo en otros mundos posibles a partir de elecciones específicas diferentes a las que en esta vida he tomado), también hay otras vidas más. Eso lo aprendí (hice consciente) hace poco. Quizá ya lo pensaba de forma ocasional, pero no terminaba de incorporarlo a mí.

Porto, Portugal. Fuente: Pexels

En mi última travesía por el Viejo Mundo, conocí a una viajera mexicana con quien compartí unos días en Portugal. Cada una llevaba en una mochila metafórica sus propios cansancios, decepciones, esperanzas, sueños y andanzas. Coincidimos en algunas experiencias individuales y nos sostuvimos. Ella me compartía que a veces cuando se siente un poco perdida, hace una lista de las otras vidas que podría tener con sólo una elección: panadera, cocinera, viajera, maestra y un largo etcétera. Cuando la escuché, recordé lo complejo que somos los seres humanos, cuánto nos conforma. Somos nuestro pasado, vivimos en un presente que es consecuencia de un conjunto infinito de decisiones, pero el futuro todavía nos permite regresar, “corregir” o formular nuevas vidas, y la distancia está a una elección.

Por ahora, pienso que la vida es un recuento de vidas, no somos estáticos, muchas experiencias y decisiones terminan transformándonos, como si cada episodio fuera una vida en particular. Tenemos periodos con características fáciles de definir, otros que se alejan por completo de lo que éramos, nos reformulamos cuantas veces sea necesario para sobrevivir (recordemos que otra característica humana es el instinto de supervivencia). Sentarse a reflexionar desde la compasión, amor, comprensión y respeto personal nos invita a abordar con más sabiduría nuestras elecciones y sus consecuencias, reconocer nuestras vidas, y más que sobrevivir, volver a vivir consciente de que no todo está en nuestras manos. De vez en cuando, hay que dejarnos llevar.


[1] Desde hace algunos años, se ha tomado el término “momento canónico/ evento canónico” para referirse a una situación generalmente inevitable para quien lo vive y que supone un antes y después, porque influye en la personalidad de quien lo experimentó. No necesariamente debe ser negativo, pero en las redes sociales suele hacerse una mayor referencia a la cuestión negativa, con un toque de humor.

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