Salgo de casa. Vuelvo a casa. Voy a casa. Estoy en casa. Casa es una de las palabras que más repito constantemente. Llego al trabajo y escucho a mis compañeras decir: “no había luz en mi casa, salí tarde de casa, no estuve en casa”. La oficina, que es, también, nuestra casa, se habita de pedazos de casas, de presencias que no permanecen fijas en ninguna casa.
Casa: nombre femenino. Edificio para habitar.[1]

Autoría: Adriana Delgado Román
¿Puede, cualquier edificio, ser una casa? ¿Se pueden habitar todos los espacios a modo de casa?
Pita Amor escribió: “Al decir casa pretendo expresar que casa suelo llamar al refugio que yo entiendo que el alma debe habitar”. Escucho que alguien dice: mi casa, y yo —que conozco un poco la historia detrás— pienso/siento que ese sitio nombrado como tal no existe más que en la nostalgia con que se evoca.
Yo pienso que la casa es cada individuo y el mundo de sus ideas. Los espacios múltiples o únicos en los que se encuentra no solo el refugio, sino el descanso, la tranquilidad. Las casas pueden ser pequeñas o grandes, variar en forma, color, distribución de los espacios. Casa es una voz que grita: yo
tú
somos
estamos.
He sido casa, han sido mi casa. La enunciación de la casa, como espacio para habitar, surge desde distintos tiempos; en este presente, puedo evocar mi casa actual. En el pasado he hablado de otras casas: aquellas que ya no habito más. Cristina Peri Rossi se preguntó, muchísimo antes que yo:
¿cuál es mi casa?
¿dónde vivo?
mi casa es la escritura
la habito como el hogar
de la hija descarriada
la pródiga
la que siempre vuelve para encontrarse
rostros conocidos
el único fuego que no se extingue.
Entonces, ¿mi casa es esto que escribo? Ojalá. Mi casa es el lenguaje propio que mi padre ha inventado para que nos comuniquemos; la distorsión de palabras, las metáforas locales que solo él y yo entendemos. Mi casa son los regionalismos del pueblo: aquellos que solo entienden mis tías que han migrado, las que cruzaron el río Bravo. Mi casa es el recuerdo del tío que no veo en quince años. Yo creo, como Pita Amor, que mi casa soy yo y el mundo de mis ideas. He habitado tantos espacios y en cada uno encontré refugio. He extendido mi edificio: mi casa son mis amigas, mis compañeras de trabajo, las mujeres a las que admiro, aquellas con las que platico. Mi casa soy yo:
cuando desayuno con mi gemela de nombre
cuando beso a mi amiga Lira en la frente
cuando comparto ensaladas, tortitas de atún y risas con las mujeres que admiro
cuando le confieso mis secretos a las mujeres que no van a juzgarme
cuando comparto una tisana con una increíble mujer que confió en mi trabajo
cuando ceno con mi amiga; la lectora más apasionada y comprometida.

I never leave this deadhouse. Fuente: OG
Mi casa es una Chispa que incendia la existencia. Mi casa es la ropa sucia: la que ha quedado entre las sábanas y el colchón. Mi casa es el olor de un cuerpo otro que me abraza, que me susurra en cada aliento: soy real, no temas.
Las casas, mi casa; cambian. No todos los días me siento en casa. A veces, solo me siento huésped, no habitante. Pita Amor también escribió: “Detrás de esa fachada no había nada, ¡absolutamente nada! Ni familia, ni humanidad, ni cariño. Yo no dejaba atrás, sino un jardín sin plantas y una casa vacía. Una casa sin besos, sin oídos, sin voces, ni esperanzas”. Pienso: muchas casas están vacías. Muchas casas son inventos; recuerdos bloqueados, ignorados, escudos del sufrimiento. Entonces, ¿la casa es hogar o refugio?, ¿cúmulo o expectativa?, ¿realidad o idealización? Casa es una constante dicotomía.
Hogar: casa o domicilio.[2]
Refugio: lugar que ofrece protección, resguardo o amparo ante un peligro o amenaza (…) edificio para personas que huyen de conflictos, o incluso lugar de descanso en la montaña.[3]Casa existe en función de algo más. Casa es el plato fuerte con sus respectivas guarniciones. Cada casa es un binomio, trinomio: espacio-amor, espacio-cariño-risas. Las casas no existen solas. Las casas no existen al margen de la humanidad, todo lo contrario: existen porque las creamos.
Pienso ahora en una amiga que es mi casa. Ella tiene una casa y, al mismo tiempo, construye otra: una en donde se siente libre, una en donde su hijo colecciona sombreros. Ella es mi casa. Yo quiero ser su casa.
¿Cuál es la esencia de la casa?, ¿qué elementos prístinos conforman la casa?
Si tuviese que elegir diría lo siguiente:
casa es un lenguaje propio
casa es la disipación de dudas
casa es claridad
casa es: acuerdos
casa es: experiencia
casa es: aprendizaje
casa es: historia y antepasados
casa es: conocimiento y archivo
casa es: la carne fundiéndose el ritmo de una mirada y exhalación
podría seguir enumerando lo que considero que es una casa, sin embargo, como dice San Agustín: cuando no me preguntan, lo sé, cuando me preguntan no sé. Me siento impotente ante la pregunta: ¿en dónde está tu casa?, ¿qué debería responder?

Significado y significante. Autoría: Significado y significante
Mi casa está en las raíces negras que me ha heredado mi madre
Mi casa está: “debajo de las piedras que cantan”
Mi casa está detrás de los atardeceres que agonizan
Mi casa no es propia, es colectiva.
Mi casa es significado y significante.
Mi casa es ese cuerpo, aroma, piel, calor y abrazos.
Mi casa es una mujer que entre abrazos, besos y llantos a des-bordado mi mundo.
Las casas se transforman según sus habitantes. Las casas no pueden definirse en función de su ornamento, sino de su propósito; casa de campo, casa de vacaciones, casa de retiro.
Las casas, como la vida misma, cumplen un ciclo: ser el espacio que se habita antes de enfrentar el siguiente día.
[1] Diccionario de la Real Academia Española.
[2] Diccionario de la Real Academia Española
[3] Diccionario de la Real Academia Española

